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La nostalgia se percibe en el estómago. Pasar por ciertas esquinas engendra un raro vértigo, sin importar si el recuerdo es suave o amargo, si el recuerdo no se recuerda o la esquina recuerda a otra esquina semejante. En suma, no hay encono personal en todo esto, si lo más al sur que he llegado por cierto motivo es a una zona que nadie sabe bien a qué barrio pertenece, si a Constitución, si a Parque Patricios, si a San Cristóbal, aquel enorme descampado donde aprendí a andar en bicicleta, por ejemplo, y otras tantas cosas que no vienen al caso decir, sobre todo porque la nostalgia es, precisamente, algo que no se puede decir jamás y, si fuera posible encontrar las palabras, nos darían bastante vergüenza. Pero el asunto es que yo iba en el 6 cartel rojo y el jardín estaba como nunca oscuro, y en esa ventana de postigos bordó no había ninguna luz.

29 comentarios:

Ariel dijo...

Mi viejo supo tener un bolichito por ahí, justo en el cruce de Pichincha con Brasil. Y, desde la esquina, yo miraba el descampado a mi ezquierda y, después, seguía mi barrida visual: enfrente, sí, el Garrahan y, más atrás, la cárcel de Caseros. E incluso en aquel presente de antaño, la imagen ya me venía adosada de pasado, aun cuando yo no había jugado en el descampado, ni había sido atendido en el hospital, ni había sido encerrado en la cárcel.
Tal vez haya ciertos lugares que, a raíz de su uso intensivo, vienen cargados de historia, de una que uno no ha vivido, de esas que mayores nostalgias despiertan.

Malala dijo...

Ese lugar es raro: hospital, cárcel y campito... es una especie de postal que probablemente nadie compraría.
Hay algo especial en los descampados, se pueden llenar con cualquier cosa, por ejemplo la nostalgia alojada en el estómago.

el_tipo dijo...

y digamé: ¿de chiquita nunca la llevaron a andar en bici y a patinar alrededor del garrahan, bajando al mango por el puentecito?

gabriel giubellino dijo...

Buenas...
Minerva: gran verdad la suya. Yo digo que en los mapas es Parque Patricios, pero de verdad es Constitución. Nadie que viva en Independencia va a ir a hacer compras a Caseros y Rioja.

Malala: Yo hice la postal. Pero no la vendo: la regalo.

pablo dijo...

yo suelo estar muy melancolico. Y creo que eso de los viejos recuerdos, sobre aquellos lindos lugares que uno nunca dejo. O mas bien que dejo en el algo de uno. Es fuerte. Creo que voy a terminar el el psicologo si sigo tan mal por ponerme a recordar cosas pasadas. Cuesta cada ves mas.

P.S. dijo...

Me encantó eso de que la nostalgia se percibe en el estómago. saludos

Irina dijo...

¿Y esa ventana apagada era la tuya?

reuben dijo...

Uno a veces es egoísta, quiere que todo siga funcionando de acuerdo a los recuerdos que tiene, o de las expectativas que tuvo. Es como si dejaramos partes nuestras por ahí y alguien tuviera que mantener las luces prendidas, y no digo que esté mal si a veces lo hiciera, sería considerado de su parte.

Anónimo dijo...

Mala reputación... mala experiencia. Acepta el tiempo absolutamente, acepta que en las esquinas quedan enganchadas las almas vagabundas. La historia es el testimonio del fracaso del hombre, somos auténticos extranjeros. El proceso es largo y escarpado. Todo él es una conquista del miedo a vivir. La huida es un grato deseo. Para llegar a ser un ave rapaz hay que adquirir la costumbre de volar muy alto. En fin, un arreglo de cuentas con viejas historias que nunca mueren.
Mimitos desde el Cantábrico, no estés triste.
Alf.

juan dijo...

seguramente la esquina recuerda a otra esquina, y tal vez a medida que envejecemos en esta ciudad todas las esquinas nos traen algo de nostalgia, un beso, una lluvia, un amigo caminando por la vereda de enfrente... las calles pasan a ser una tienda de recuerdos de nuestra propia vida, abierta las 24 horas.
muy lindo tu blog, saludos,
juan.

gabriel dijo...

uste siempre llegando al estómago, sabe q estoy lejos, solo y cualquier esquina de ciudad me revuelve todo. y encoma me habla del sur, ttt, paredón y depsues.

Lucy in the sky with diamonds dijo...

Esas esquina que revuelven todo, a veces me hacen llorar.
La de Bulnes y Guardia Vieja, es la que mas me duele.
Saludos,
LSD.-

anhedonia dijo...

esos lugares por los que uno pasa o que uno ve en su andar cotidiano por las calles de todos los días y que no percibe hasta que cambian...

lindo blog!

Silvia Sue dijo...

Te leí, y pasé por ahí, sentí todo. Me sumergí y sufrí.
Me asombré y deduje lo mismo que vos.
A veces me pregunto cómo hacés.
Te mando un beso.

vadinho dijo...

mine: algo así me ocurre cada vez que paso por donde alguna vez estuvo el viejo molino colmado de miles de palomas a las que dediqué algunas horas contemplativas durante mi niñez. también un límite entre dos barrios -palermo y colegiales.

desde que "menem lo hizo" se convirtió en un complejo edilicio, más conocido como los lofts de dorrego.

ariel: la mención del bar de tu viejo -creo que hablamos del mismo: pequeño y limpio, cuando pocos barcitos de la época lo eran- fue mi parada obligatoria, café y especial de jamón y queso, cada vez me bajaba del 95 por las mañanas para ir a trabajar caminando las últimas cuadras hasta brasil y catamarca. cerquita del bernasconi...

Ambar dijo...

qué lindo post!

m dijo...

soy tu alter ego?

Lucy in the sky with diamonds dijo...

Minerva: Por qué se arrepintió y suprimió su comentario en mi blog?
Estaba buenísimo!!!!

Saludos.

Leo Villano dijo...

Eso todavía es Parque Patricios. Tengo un amigo que vive por la calle Matheu y por ahora puedo decir que ando con tranquilidad por el lugar.

Barrio simple pero que se hace notar. Fijate que la carcel de Caseros y las torres que están en Brasil y Matheu se ven desde casi todas partes.

Parecen obra de un egocentrico...

Minerva dijo...

Tarde, pero segura, la contestación...

Ariel: ¿Por donde va el 95? Me gusta cómo sigue Pichincha cruzando Brasil, con todos esos árboles, lástima que desemboque en la cárcel que no es una visión muy agradable. Supongo que es como vos decís, una mezcla de lo que uno ha vivido y una carga de situaciones que no, pero están ahí, medio como flotando.

Malala: Es la postal de un lugar tristísimo para vivir, pero que uno puede terminar queriendo tanto al punto de no poder irse. Los descampados tienen esas cosas, sobre todo los días nublados.

El_Tipo: Pues claro! No hay nada más difícil que conseguir un lugar amplio y lisito para patinar. Además, es el barrio de mi abuela, mire si no me habrá llevado a las bajaditas del Garrahan...

Gabriel: Para mí es San Cristóbal, Constitución está como a veinte cuadras... Señor Telerman, dirima este contrapunto!

Pablo: Yo no creo que sea malo recordar cosas pasadas, mientras uno no quede demasiado enganchado en ellas. Igual, le digo, no es que me dé nostalgia por ser un lindo lugar ni nada, sino por haber sido escenario de ciertos actos de mi vida.

P.S: Como que se estruja, ¿no? Saludos para ud. también.

Irina: Más bien diría que yo he mirado por esa ventana, aunque no era la mía, en momentos que recuerdo con (ahí está) cierta nostalgia, a lo mejor por el solo hecho de que ya pasaron.

Reuben: ¿Se imagina? Para mantener las luces prendidas de todo el mundo se necesitaría muchísimo personal. Hay que ahorrar electricidad y seguir, me parece, aunque nunca estamos libres de querer ver brillar una de 25 Watts por un instante al menos.

Héroes_anónimos: ¿Por qué se te ocurre que hablo de la infancia? Curioso, curioso.

Alf: Gracias, así que del Cantábrico. Si yo tuviera frente a mí un mar como el Cantábrico seguramente no estaría triste nunca. Igual no es que estuviera triste tampoco, sólo que se me quedó la ropa enganchada en el picaporte...

Juan: Bienvenido. Los recuerdos estarán expuestos en la tienda esa, sí, pero no se dejan comprar ni con toda la plata del mundo. Y a veces pertenecen a "la tiendita del horror", aunque esa es otra cuestión.

Gabriel: Oiga, no se queje, que usted anda por Florianópolis, Porto Alegre, Sao Paulo, yo ya me hubiera olvidado de todas estas esquinitas de mierda!

Lucy: Almagro es un barrio jodido, por alguna razón. Lindos muchachos y lindas casas con patio, creo que es una marca difícil de superar.

Anhedonia: Gracias! Quizá los lugares no cambian y el que cambia es uno, cuando deja de prestarles atención, o cuando la recupera.

SilviaSú: ¿Que cómo hago qué, querida? No sufras, tampoco es para tanto, ¿no?... Besos.

Vadi: Ni idea del Viejo Molino, supongo que nunca habré llegado a verlo como era originalmente. Todo lo que el negocio inmobiliario toca, se convierte en nostalgias estomacales. Y las palomas, como ya no tienen dónde vivir, se vuelven un poco mutantes...

Ambar: :) Gracias, me alegra que te guste.

Mechita: Te contesté en tu blog, me quise hacer la loca y me salió al revés. En fin, vos entendés.

LSD: A ti también te contesté; me dio vergüenza haber redactado tan mal!

Leo Villano: En su momento fueron unas de las torres más altas de la ciudad, y como están rodeadas de casas bajas, desde los pisos altos se ve el río. Ni hablar el espectáculo de fuegos artificiales a fin de año...

Anónimo dijo...

Normal, a mí me suele suceder habitualmente. Es broma. Bueno sí, el otro día, con las prisas, me enganché la americana. Las escrituras embriagan más que los vinos más fuertes. Son, incluso, objeto de deseo.
Dulces sueños garota.
Pd: el mar Cantábrico huele a piel norteña de mujer, porque el mar es siempre una mujer...
Alf

la Luc dijo...

Casi todas las sensaciones se perciben en el estómago. En especial la de hambre.



Hablando en serio.
Hace poco pasé por un lugar que frecuentaba. Estaba cerrado, me acerqué a la vidriera y ahí lo ví y me dije: ese artefacto lo reparé yo.
Cabe la posibilidad de que el artefacto fuese otro, o estuviera roto nuevamente, pero estaba ahí.
Y claro, me dolió el estómago

Anónimo dijo...

¡Qué diligente! Me voy a la camita a ver Un verano con Mónica. Te invito desde la distancia (a ver la película).
Alf.

Lucy in the sky with diamonds dijo...

Hace mucho que no postea!
Qué sucede por ahí?
Saludos!!
LSD.-

Irina dijo...

OK. Muy lindo el escrito en ecos, habría que llamarte Minerva ... nerva ... nerva...

Doctora Yvonne dijo...

Hola Minerva,
exquisito blog, estoy encantada y lo recomiendo en el mio.

Este post me conmovió especialmente porque cuando viví durante unos pocos días en el apartamento de un amigo en Parque Patricios sentí algo parecido, una mezcla de melancolía, grisura, poesía, sordidez, yo qué sé.

Y me encantó. En Montevideo, mi ciudad, hay muchos lugares así.

preciado dijo...

una vez, íbamos con un amigo (que tiempo después fue diputado, ay! las vueltas de la vida)fumando mientras atravesábamos el campito de noche. No se si estába muy oscuro o qué, la cuestión que nos caímos en un gran charco de agua, fruto de lluvias en los días previos, que estaba disimulado entre los altos pastos.

DIANA-CHAN dijo...

yo recibi el otoño en ombros y pecho
el invierno lo recivire de rodillas para abajo.

la primavera la siento en todo el cuerpo
mas ligero
mas girasoles que brotan del suelo por aca donde yo vivo aveces.

:)
un saludo desde los climas calidos la mayor parte del tiempo

DIANA-CHAN dijo...

yo recibi el otoño en ombros y pecho
el invierno lo recivire de rodillas para abajo.

la primavera la siento en todo el cuerpo
mas ligero
mas girasoles que brotan del suelo por aca donde yo vivo aveces.

:)
un saludo desde los climas calidos la mayor parte del tiempo